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¿Mejorando la relación con el servicio doméstico?

Se puede reflexionar nuevamente sobre el tema. Es probable que existan aspectos que no se hayan considerado… Muchas decisiones se toman en los escritorios de ejecutivos, que a no dudar, manejan perfectamente los conocimientos teóricos que los respaldan. Sin embargo hay ocasiones que la realidad desborda a la teoría. Esta situación puede darse en cualquier momento, y quizás ahora ya estemos inmersos en ella. Pocos ejecutivos conviven con la realidad de un asalariado, que camino a su casa después de su jornada laboral, aprovecha su retorno para adquirir el surtido indispensable para satisfacer a su familia. Por suerte tiene en su bolsillo los pesos necesarios para ello, sin tener que dar ninguna vuelta extra ni tener que soportar una cola para hacerse de ellos. Eso siempre y cuando el robotizado cajero esté habilitado, provisto adecuadamente y seamos optimistas en no tener que empezar un tour en procura de alguno que reúna esas condiciones. Hasta el presente, ese conjunto de trabajadores domésticos no objetó la forma en que recibe su pago.

Considerando a su contraparte, el patrón de servicio doméstico, devenido por tal condición en “empresario”. En la mayor parte de los casos, se tratará de un empresario que nunca ha estado detrás de un escritorio, y por tanto no tendrá respaldo profesional al momento de liquidar haberes y emitir el recibo cumpliendo la estricta normativa prevista. Generalmente ello conlleva estrés, ¿estará cumpliendo formalmente con todas las disposiciones? Su genuina intención es hacerlo, pero es una tarea engorrosa, son varios conceptos a manejar y cualquier desviación obrará en su contra. Ahora también tendrá otra obligación, utilizar empresa intermediaria para pagarle a su empleado/a. Se sumará entonces el costo del tiempo del trámite, posiblemente traslado a ese efecto y además tener en cuenta feriados y ¿por qué no? algún imprevisto paro de actividades en el prestador de ese servicio. Su obligación de pago la cumplía hasta ahora de forma sencilla y directa. Inclusive cuando su asalariado le solicitaba de forma imprevista un urgente anticipo. Las excepciones previstas para esta nueva obligación, irán desapareciendo con el devenir del tiempo. Entonces todo estos “empresarios” tan peculiares quedarán comprendidos en la norma y sumarán otro trámite a sus espaldas. ¿Eso es simplificar y facilitar? Es muy común percibir quejas para tercerizaciones ya instaladas, ahora tendremos otra más. Muchos piensan que es de sabios cambiar de idea. ¿Podremos constatarlo en este tema?


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