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Derechos del empleador

  1. Elegir libremente a la trabajadora: el empleador de servicio doméstico tiene el más amplio derecho para seleccionar a la trabajadora que ingresará a su hogar a realizar el trabajo doméstico. No importa para el ejercicio de este derecho cómo se realiza la selección, si directamente o con el auxilio de una empresa seleccionadora de personal. Tampoco requieren explicitación alguna los criterios de selección, ya que el derecho a seleccionar la trabajadora no está condicionado en ningún sentido.  En el proceso de selección se podrán manejar libremente parámetros relevantes para el empleador como ser: analizar y/o priorizar la experiencia de la trabajadora, su capacitación, su capacidad física y/o intelectual, sus hábitos de vida, etc.
  2. Establecer los parámetros de contratación de la trabajadora: la contratación podrá realizarse dentro de los regímenes previstos en nuestro ordenamiento legal como ser: contrato de trabajo por tiempo indeterminado, contrato a plazo, contrato de prueba, contrato zafral, etc. Pero cualquiera sea el régimen de contratación elegido por el empleador, este tiene derecho a ofrecer las condiciones que pretende en la contratación, sea en lo relativo a salario, como a la extensión y horario de la jornada laboral, tanto si es con o sin retiro, días de descanso, etc, más allá del acuerdo que pueda realizar con la futura trabajadora y siempre y cuando se respeten los mínimos o límites fijados por la normativa.
  3. A recibir la prestación de trabajo de la empleada doméstica, en condiciones de puntualidad, asistencia, contracción, responsabilidad, lealtad y buena fe: en tanto la prestación del trabajo es la obligación principal de la empleada doméstica, su labor deberá desempeñarse con la mayor responsabilidad. Esto implica entre otros el cumplimiento por la trabajadora del horario de ingreso establecido, la concurrencia al trabajo los días fijados no ausentándose por motivos nimios, el aviso por anticipado del obstáculo insalvable que impide la concurrencia al trabajo en la fecha, la reserva absoluta de los datos e informaciones a que accediera por encontrarse dentro del hogar del empleador, el trato educado y respetuoso con el empleador y su núcleo familiar.
  4. Facultad de dirección (dirigir a la empleada): el empleador tiene la facultad de pautar y organizar las tareas de la trabajadora. Las facultades de dirección que asisten al empleador deberán ejercitarse con carácter racional y atendiendo a las necesidades del hogar,  sin perjuicio del debido respeto de los derechos personales y patrimoniales de la trabajadora.
  5. Facultades disciplinarias: el empleador podrá aplicar medidas disciplinarias proporcionadas a las faltas o incumplimiento, demostrados por la trabajadora. Es decir que cuando la trabajadora incumpla con sus deberes de obediencia, diligencia, buena fe o convivencia, sea porque falta o es impuntual, es negligente, imprudente, revela informaciones del empleador o su núcleo familiar, genera falta de confianza, agrede física o verbalmente a su empleador o su núcleo familiar, etc., el empleador puede aplicarle sanciones que pueden ir desde la mera observación, hasta la suspensión e incluso el despido. El ejercicio de este derecho debe realizarse en forma gradual y proporcional al incumplimiento de la trabajadora. Va de suyo que este derecho nunca podrá utilizarse en forma arbitraria, y que además está sujeto a los controles judiciales sobre su regularidad.
  6. Derecho de control de personal: el empleador ostenta la más amplia libertad para establecer, instalar y desarrollar los sistemas de controles personales del trabajador que considere necesarios, cuyo destino sea la protección de los bienes del empleador, y del hogar donde se realiza el trabajo. Como único límite en este sentido se debe tener presente que cualesquiera sea el sistema aplicado por el empleador este deberá siempre salvaguardar la dignidad de la trabajadora.
  7. Derecho a proteger y preservar los bienes del hogar como ámbito laboral: el empleador de servicio doméstico tiene el derecho de que la trabajadora cuide y preserve no solo los bienes aplicados a su tarea (utensilios de limpieza, electrodomésticos, enseres de cocina, etc.), sino  también todos aquellos ubicados en el hogar y el hogar mismo. Este derecho involucra la conducta positiva de atención respecto de los mismos, así como la de exigir de la doméstica que por su inacción u omisión no se afecten el hogar y su contenido material.
  8. Derecho a establecer las tareas domésticas a desarrollar por la empleada y a exigir niveles de efectividad y calidad acordes a las mismas: siendo por definición el trabajo doméstico aquel realizado y dirigido al hogar, este abarca un sinnúmero de tareas que van desde la limpieza del inmueble al cuidado de sus integrantes; desde cocinar para sus miembros, al colaborar con la vigilancia y la solución de los problemas y dificultades cotidianos del mismo. El empleador tiene derecho a exigir que estas tareas sean desarrolladas efectivamente, y que la trabajadora aplique a ellas todo su esfuerzo y empeño.
  9. Ius Variandi: Derecho del empleador a realizar variantes del contrato individual de trabajo a efectos de poder armonizarlo a las necesidades cambiantes del hogar, respetando los derechos adquiridos por la trabajadora.
  10. Decidir cuando inicia, y cuando termina su necesidad de contar con el trabajo doméstico y en consecuencia la relación laboral desarrollada a tales efectos: el empleador tiene la más amplia libertad de establecer cuando se inicia una relación laboral de trabajo doméstico. En igual sentido, pero con algunas restricciones, el empleador tiene la facultad de dar por terminada la relación laboral cuando así lo precise o quiera. Dependerá del momento y la circunstancia de cada relación laboral, si esa potestad de rescindir unilateralmente está gravada con una indemnización, así como la determinación de su cuantía.